Fausto Calvo Vicente es párroco de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en el barrio de Arroyo Fresno. Ordenado en 1994, ser cura en Madrid es «formar parte de un presbiterio rico», lo que apareció en CONVIVIUM, la asamblea sacerdotal realizada el 9 y 10 de febrero de 2026, de cuyo equipo organizador formó parte.
Presbiterio unido
Un clero «más unido de lo que puede parecer», más allá de un supuesto individualismo o cierta falta de comunión que algunos pueden pensar. Fausto Calvo dice que «verme parte de un presbiterio, en una tarea común con otros compañeros, naturalmente presididos por el obispo», es algo que «va teniendo mucho peso en mí». CONVIVIUM le ha ayudado a «ver que yo no soy un francotirador, ni debo serlo, que la misión es común y que como presbiterio respondemos al Señor».
Ser cura en Madrid también es «ser pastor de comunidades vivas, con cristianos que viven en su fe, en lo cotidiano de sus vidas, y estamos al servicio de ellos como pastores». Junto con ello, a partir de la comentada vuelta a Dios de la generación Z, ve Madrid como una realidad secularizada. De ahí la necesidad «de comunidades que no pueden ser otra cosa que misioneras», en las que «el testimonio de los cristianos es muy importante».
Comunidades de las que «como sacerdotes formamos parte», y como decía el Papa Francisco, «a veces tenemos que ir por delante, a veces en medio, a veces por detrás, pero con este afán misionero». De ahí la «necesidad de salir, de mostrar a todos a Jesucristo, de vivir nuestra fe en este tiempo de secularización», subraya el párroco de Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
Riqueza de la diversidad
Para Fausto Calvo, la diversidad del clero madrileño «indudablemente es una riqueza», que le ayuda «porque me hace no instalarme en mis propios esquemas, en mi propia manera de ver las cosas». Eso lo experimenta en la parroquia con sus compañeros y con los curas de las parroquias vecinas y se convierte en un instrumento «para servir mejor al pueblo de Dios, para ejercer el ministerio».
En una unidad en la fe, ve «una diversidad con matices muy ricos en la espiritualidad de cada uno». Eso le hace ver que «al Señor le seguimos juntos y que yo necesito a mis compañeros para seguir al Señor. No puedo seguir al Señor ni ejercer mi ministerio sin contar con mis compañeros». Frente a ello aparece la tentación, el pecado, del individualismo y el egoísmo, de mirarse a sí mismo y pensar que uno tiene la respuesta.
Es párroco en una parroquia muy marcada por la realidad familiar, con muchos niños y jóvenes. Eso lleva a cuidar «la pastoral familiar, los grupos de adultos, los grupos de matrimonios, ayudar a las familias a que sean esa Iglesia doméstica que dice el Concilio Vaticano II». Eso se concreta en una convivencia en verano, ejercicios espirituales, la catequesis, grupos para niños y jóvenes. Se procura que «se sientan en la parroquia como en casa».
CONVIVIUM un antes y un después
Volviendo a CONVIVIUM, lo ve como «un antes y un después en lo que supone la comunión entre los sacerdotes», que va a dar «una forma nueva a nuestra manera de ser sacerdotes». Recuerda que allí «apareció mucho la necesidad del cuidado integral de los sacerdotes», por parte de la diócesis, pero también entre los sacerdotes. Una conciencia de cuidado que dice que va a ir creciendo mucho, «ayudarnos a cuidar desde nuestra salud a una buena vivencia de la espiritualidad, del descanso». Un camino que «venía de antes digo, pero que ahora mismo ha cobrado mucha fuerza».
También destaca la cantidad de consejos pastorales que respondieron a la consulta de CONVIVIUM, donde «había una valoración muy positiva de los sacerdotes y también se veía que a veces nos veían a los sacerdotes cansados, sobrecargados de trabajo». En ese sentido, cree que «un sacerdote también necesita verse cuidado por su comunidad cristiana, y en CONVIVIUM ha aparecido la necesidad de comunidades vivas que también cuiden a los sacerdotes, igual que el sacerdote cuida a la comunidad». Pasos que, con la ayuda de un equipo creado para eso, irán tomando forma.
