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Viernes, 17 abril 2026 08:00

Víctor, de la indiferencia a la fe: «Ojalá el papa nos recuerde que somos familia y estamos llamados a ser apóstoles»

Víctor, de la indiferencia a la fe: «Ojalá el papa nos recuerde que somos familia y estamos llamados a ser apóstoles»

Hace apenas cinco años, para Víctor, la figura del papa no tenía mayor relevancia. «Sabía quién era, pero poco más. Como el Dalai Lama», reconoce. Hoy, sin embargo, su mirada ha cambiado radicalmente tras un encuentro personal con Dios que transformó su vida. Hasta entonces, su fe había estado marcada por una visión racional: «Si no lo veo, no lo creo»

Víctor, que estudió cocina y hoy gestiona varios restaurantes en Madrid, descubrió también en ese proceso una nueva forma de entender su vocación. «Me di cuenta de que lo que me gusta es servir, cocinar para los demás», afirma. Una experiencia que vivió intensamente en un campo de trabajo con jóvenes: «Fue de las mejores experiencias de mi vida». Por eso, no duda: «Cocinar para el papa sería increíble».

Desde esta nueva mirada, percibe la visita del papa León XIV como una gran oportunidad para la Iglesia en Madrid: «Puede ser un encuentro real entre parroquias y movimientos. Si todos vamos a una, puede ser algo muy bonito». Más que una necesidad urgente, lo entiende como una ocasión de gracia que puede «hacer mucho bien».

Para él, el papa es mucho más que un líder institucional: «Marca la dirección de la Iglesia en nuestro tiempo, pero sobre todo es un ejemplo de humildad». Y añade: «Con todo el poder que tiene, se pone al servicio. Eso impacta mucho».

Su experiencia personal le ha llevado también a replantearse prejuicios que él mismo tenía en el pasado. «Antes pensaba en la Iglesia como una institución con dinero. Pero ahora veo que la Iglesia somos todos, una familia que ayuda cada día a muchísima gente», explica, recordando especialmente la labor concreta de las parroquias y de Cáritas.

En una generación marcada por la secularización, Víctor reconoce que no es fácil que quienes no creen se acerquen directamente a la figura del papa. Sin embargo, confía en que su visita pueda fortalecer a quienes ya están en camino: «Si una persona se convierte, ya merece la pena». Y no descarta que también despierte inquietudes en otros: «Hay una sed en los jóvenes. Estamos hechos para algo más».

Hace poco pudo ver al papa León XIV en Roma, en una audiencia marcada por la lluvia que cesó justo en el momento de su aparición. «Fue muy bonito. Sentí que es alguien que realmente nos guía, que sus palabras tienen un sentido para nuestra vida», recuerda. Para Víctor, la diferencia entre el papa y otros líderes es clara: «No impone nada. Sus palabras están rezadas, meditadas. Él obedece a Cristo». Una convicción que le lleva también a reconocer la importancia de rezar por él: «Deberíamos hacerlo más».

Como joven profesional, inmerso en el ritmo exigente del trabajo diario, lo que espera de esta visita es un mensaje claro: «Esperanza. Recordarnos por qué somos católicos, que somos familia y que estamos llamados a ser apóstoles». En un mundo que ofrece respuestas inmediatas, insiste en una idea clave: «Nada de eso llena la sed de eternidad que tenemos dentro».

Si tuviera la oportunidad de encontrarse con el papa cara a cara en un ascensor, no pediría nada extraordinario. «Le daría las gracias. Por lo que hace, por su entrega», dice con sencillez.

Con esa misma actitud, su oración recoge el deseo de muchos en la Iglesia de Madrid: «Padre te pedimos porque esta visita sea un tiempo de encuentro entre todas las parroquias de Madrid y te pedimos sobre todo por los frutos porque nos una y nos haga más fuertes como iglesia y porque podamos llegar a los jóvenes que aún no te conocen. Amén».

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